viernes, 14 de mayo de 2010

¿Quién mató al Bolívar?





Por Laureano Márquez en Mayo 14, 2010


Nuevamente — lamento decirlo– el gobierno nacional tiene razón. La gran pregunta que esta sociedad patriótica se está haciendo, imbuida por el sentimiento de apego a los profundos valores de su nacionalidad que le caracteriza, es quién mató al Bolívar.
Yo comparto, naturalmente, la sospecha de que al Bolívar lo mataron, esto no es muerte natural ni de vaina, esto fue planificado por alguien. Se trata, y hay que decirlo, de un envenenamiento progresivo. Poco a poco lo fueron acabando, pero, sin duda, se ve que la dosis aumentó muchísimo en los días previos a su fallecimiento.

Una de las preguntas que debemos hacernos es: ¿Por qué ya nadie quería al Bolívar? Quizá la respuesta es que este ser, tan fuerte en otros tiempos, terminó no siendo útil para nadie. Recibir al Bolívar, justo cuando pierde su poder, se constituyó en un gran riesgo para todos, porque en materia bolivariana, hasta los patriotas son realistas. Alojar al Bolívar en la casa significaba la ruina. Y aunque todo el mundo entiende que ser rico es malo, muchos conocen en carne viva (lo de carne es una metáfora) que ser pobre es peor.

Es inevitable en este punto preguntarse en un análisis heroico comparativo: ¿Por qué la gente quiere a Washington y deprecia al Bolívar? Naturalmente la respuesta tiene que ver con el espíritu que rige al enemigo del norte. Allí la gente confía en su prócer y aplica sus ideas. Eso hace que los gringos tengan un modo de vida que resulte envidiable para muchos y que la gente al final prefiera al Washington, en cuyo nombre pueden vivir mejor.

Llegado a este punto, la gran pregunta: ¿A quién beneficia este crimen, que constituye un verdadero magnicidio? Si algo nos enseñó el viejo teniente Columbo a sus seguidores es que aquel que se nos presenta como el menos sospechoso es probablemente el asesino y aquel que se muestra más entusiasta en el esclarecimiento y la investigación puede que sea el autor intelectual.

De todos modos, el ritual del asesinato al Bolívar, se ha cumplido nuevamente con una exactitud tan predecible que abochorna: Justo cuando más poderoso se nos presenta, sobreviene su ruina. Los destinos del Bolívar y del Washington, siempre son contradictorios: Al primero lo hunden sus amigos, al segundo lo elevan sus enemigos. Cosas de la historia.

PS: Para aclarar más estos asuntos relacionados con nuestro pasado, Locademia de la Historia realiza un “Juicio a Vicente Nario”, donde se muestra, como dijo un amigo cubano, que lo peor que tiene el futuro es el pasado que nos espera.

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