viernes, 14 de mayo de 2010

Quién dijo chipo



Escribe: Elizabeth Fuentes

Según escuché, la Sala Situacional de Miraflores prepara una respuesta contundente a la debacle sanitaria que hizo regresar a los chipos y florecer el dengue: "es terrorismo biológico", lanzaron los agentes del G2 sin que se les moviera un músculo de la ética. Que hasta tienen bien armado el cuento, según el cual un agente de la CIA, catirito él, se fajó a buscar chipos infectados y zancudos patas blancas, atrapó dos o tres, los reprodujo en un laboratorio oculto en la Embajada americana y los lanzó sin misericordia en mercados populares, Mercales y zonas populosas, con miras a desprestigiar al gobierno revolucionario y la extraordinaria labor sanitaria de la que hemos estado disfrutando durante los últimos once años de vida distinta. "Qué casualidad ­dicen que dijo Cilia Flores­ que estas enfermedades aparezcan justo antes de las elecciones parlamentarias... eso tiene que investigarse a fondo"... porque en verdad, ella se cree cuanta versión le lancen los cubanos, incluyendo ésa de que ellos producen arroz, leche y hasta el azúcar que luego nos venden y que nosotros les pagamos con los dólares que no recibimos por venderle miles de barriles de petróleo. Petróleo que luego Cuba nos paga con la presencia de estos asesores del G2 para que inventen cosas como así.

En consecuencia, creo que nosotros los de la derecha debemos dibujar una estrategia urgente, dirigida precisamente a derrotar esa matriz de opinión según la cual terminamos siendo siempre los culpables de todo, incluyendo la inflación, el precio del dólar permuta y ahora las epidemias arriba mencionadas.

La explico: así como Tareck El Aissaimi nos ha culpado por dejarnos asaltar y Jorge Giordani nos ha señalado por contribuir con la inflación adquiriendo todo carísimo en lugar de no hacer mercado, pues seguramente el ministro de Salud (no pongo ahorita su nombre porque sospecho que al anterior ya lo deben haber botado debido a su ineficiencia) nos va a responsabilizar no sólo por la guerra bacteriológica sino por dejarnos picar como unos bolsas por insectos domesticados por la CIA. Entonces, digo yo, creo que de ahora en adelante a los venezolanos no nos quedará otra que disimular.

Es decir, de la misma manera en que ya ni denunciamos los asaltos, negociamos los secuestros en privado y hasta nos hacemos amigos de los malandros en plena acción para que al menos nos dejen la cédula, así mismo debemos actuar en todos los escenarios: con el mismo silencio cómplice que mantenemos con los oligarcas comprándoles carísima la leche importada para nuestros niños o los tomates a 35 mil bolos el kilo, igualmente tendremos que negociar con nuestro cuerpo haciéndole saber que, con o sin dengue, con o sin Mal de Chagas, pues igualito vamos a ir a trabajar y no nos vamos a quejar ni le vamos a pedir permiso al jefe porque me duele todo y ando con 40 de fiebre, qué va.

En verdad, creo que no hay otra.

De esta manera, como diría un experto en Gerencia, todo sería Ganar-Ganar: al Gobierno le bajarían los índices de mala gestión sanitaria y nosotros, los de la derecha, tumbaríamos su estrategia y, de paso, dejaríamos de ser los culpables de todos los males que nos aquejan porque éstos, en la práctica, desaparecerían.

Que si alguien sale a discutirme sobre cómo vamos a explicar el aumento de las cifras de mortalidad por dengue o Mal de Chagas, pues ni se angustien. Serán simplemente más venezolanos hacinados en la morgue y, como sabemos, ésos no le importan a nadie.

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