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sábado, 20 de marzo de 2010

Tener conversación


"Había otras causas de esa soledad –escribe Dorothy Parker– que se remontaban muy atrás, a cuando eran novios. Ella trató de recordar de qué hablaban antes de casarse, cuando estaban prometidos, y le pareció que nunca habían tenido gran cosa que decirse. Pero, antes, eso no le preocupaba, e incluso experimentaba la satisfacción de que su noviazgo iba bien, pues siempre había oído decir que el verdadero amor no se expresa con palabras. Además, en aquel entonces, los besos y tonteos les tenían siempre ocupados. Pero resultó que el verdadero matrimonio parecía ser igualmente silencioso, y al cabo de siete años de vida en común no es posible confiar en los besos y en todo lo demás para llenar los días y las noches."

Antonio Vázquez ha escrito que el matrimonio es, entre otras cosas, cincuenta años de conversación. Que es preciso cultivar el deseo de conocer y conocerse, de intercambiar impresiones, de comunicarse. Por eso, quienes desde el noviazgo centran sus aspiraciones en el atractivo físico o en el sexo, y construyen sobre eso una relación sin mucho más cimiento, bien pronto se encuentran con el aburrimiento y la soledad.

En absoluto quiero con todo esto proponer un rechazo puritano al cuerpo, sino simplemente poner la atención en la necesidad de cultivarse, de tener conversación, de formarse opinión sobre las cosas, de tener áreas de interés amplias, de ganar en profundidad interior. Quien no cultiva esa profundidad interior, acaba siendo una persona superficial, frívola, reducida a los primeros estratos de la vida, y que pasa por ella como si estuviera en una apresurada visita. Se convierten poco a poco en gente ficticia, con pocas ilusiones de cierto fuste, guiados casi siempre por los comportamientos de su entorno, encuadrados dócilmente en las costumbres de moda.
Una pronta reacción

Es llamativo comprobar cómo el espíritu de algunos hombres y mujeres envejece prematuramente por esa superficialidad y, en cambio, otros permanecen jóvenes y animosos hasta el final de sus días. Por eso debemos hacer lo posible para que no se detenga un día el reloj de nuestra vida y para que, si alguna vez vemos que se detiene, sepamos ponerlo de nuevo en marcha cuanto antes. Todos tenemos dentro muchos recursos aún sin usar, talento que no hemos aprovechado, fuerzas que nunca hemos puesto a prueba. Por eso, por muy ocupados o cansados que estemos, no podemos dejar de avanzar, de aprender y de ser receptivos a las ideas de otros.

Para tener conversación hay que aprender a escuchar. Y a veces no lo hacemos porque estamos demasiado ocupados recordando algo que tiene que ver con lo que nos cuentan, y lo estamos preparando para soltarlo en cuanto haya una pausa. Y quizá son conversaciones animadas, en las que unos a otros se quitan la palabra, pero en las que apenas se escucha.
Tener qué decir

La conversación hay que buscarla. No podemos quedarnos ahí, esperando a que llegue. Hay que buscarla con inteligencia. Y para ello, quizá lo primero es no querer presumir de inteligente, no tener la petulancia de querer demostrarlo a cada momento, sino mostrarnos abiertos y receptivos, de modo que ampliemos cada día nuestro abanico de intereses.

No podemos conformarnos con esas conversaciones excesivamente convencionales cuyo principal protagonista es el tópico. No podemos ser de esas personas que, cuando se encuentran contigo, cruzan dos o tres frases de compromiso, pero enseguida tienen que despedirse, pretextando un pequeño quehacer, porque, en realidad, tienen tan poca conversación que casi nada les interesa, se aburren, y no saben qué decir.

Las buenas conversaciones dejan siempre poso y, cuando la conversación ha pasado, vienen de nuevo a la memoria las ideas, los argumentos expuestos por unos y otros, y por uno mismo, y se nos ocurren nuevas ideas, y nace la ilusión de continuar esa conversación, ese encuentro.
Alfonso Aguiló

sábado, 13 de febrero de 2010

Escribir sobre el matrimonio con la excusa del día de San Valentín

EL MATRIMONIO


El matrimonio es una gran aventura, si es que tienes el valor y el suficiente amor para vivirla, si tienes un corazón puro para entregarte por completo, la tenacidad para llegar al final, elegir cada momento hacer feliz al otro, negándote a tus gustos y preferencias, muchas veces dejando a un lado el cansancio, pero con el deseo ferviente de ver sonreír y disfrutar al otro.

Esa aventura es como subirme a un barco que comienza a navegar sin un destino claro para mi, algunas veces podré tomar el timón y llevarlo por el camino de mis decisiones, otras no será posible porque habrá tormentas que me dejan a la deriva y no está en mis manos manejarlo, pero corro el riesgo que es como volver a empezar, volver a respirar, porque se ha calmado la tempestad, vuelvo con gran ímpetu y emoción porque no voy solo: la persona que más amo está a mi lado, siento su voz cálida que me alienta, voy despertando a una nueva vida, poco a poco me voy acoplando, miro con cierta inquietud por saber qué sigue, voy en ese camino que con libertad escogí a pesar de no tener la certeza de qué va a suceder, y voy encontrando cosas maravillosas. Los paisajes son muy bellos, aunque a veces no lo son tanto: hay gozo, hay llanto, hay muchos cambios y mi destino.... no lo sé, pero de lo que estoy seguro es de que amo y mi decisión de continuar juntos por donde nos lleve el navío hasta el final de esta aventura llamada matrimonio es firme, porque contigo me siento seguro. Veo en el horizonte una luz resplandeciente que nos guía durante el día y por las noches un gran faro que nos lleva a puerto seguro.

Durante esta travesía han subido a bordo otras personitas (los hijos) que nos van ayudando a unirnos más y comparten con nosotros ésta hermosa aventura que cada vez es más motivante, más interesante, porque seguimos descubriendo cosas bellas y superando obstáculos.

Señor: gracias por ponernos en el mismo camino, queremos que seas Tú el capitán de este barco y que con tu amor nos sigas guiando.

sábado, 30 de enero de 2010

EL SOLTERO PITAGÓRICO

Peter Backus no tiene novia. Si ustedes le preguntan por qué, no se conformará con decirles que las mujeres no comprenden su belleza interior, o que no ha dado aún con la persona adecuada. El soltero Backus, pobre en amores, es, sin embargo, rico en explicaciones. Irá a la pizarra, comenzará a escribir números, y les convencerá de que la probabilidad de que encuentre a su media naranja es, exactamente, de 1 entre 285.000 . Lean su argumentario, y desanímense aquellos lectores que todavía andan en busca de pareja.

Parece listo el tal Backus, ¿verdad? Y, sin embargo, entre tantas cifras, este inglés solitario ha olvidado lo esencial. No sólo él; son cientos de miles de jóvenes quienes, en nuestros días, han olvidado lo más importante acerca del matrimonio: el trabajo que conlleva.

Me explico: tanto Peter Backus como un sinfín de parejas parece querer llegar al matrimonio con todos los deberes hechos y todas las seguridades obtenidas: trabajo para ambas partes, hipoteca obtenida y piso comprado, sexo y caracteres probados en años de convivencia previa, y una perfecta planificación acerca del número de hijos que se tendrán y cuándo. Normalmente, todas esas seguridades se vienen abajo en los primeros años posteriores a la boda: una discusión, un problema laboral, un embarazo no deseado, la no llegada del embarazo que se deseaba, o, simplemente, el aburrimiento... Es entonces cuando aparece Backus y les dice: “¿lo veis? Nunca debisteis casaros. No erais compatibles”. Y, sin embargo, lo único que está claro es que muchos jóvenes han olvidado la aventura del matrimonio.

La aventura del matrimonio consiste en empezar con lo mínimo: dos personas que tienen las mismas metas en la vida, se atraen, y se aman. Ese “mínimo”, junto con un noviazgo que no tiene por qué prolongarse eternamente, sí que es imprescindible. Pero, a partir de ahí, el matrimonio es la aventura de fundar juntos un hogar, y eso conlleva, más que ser compatibles desde el comienzo, emprender la tarea de hacerse compatibles: moldear el carácter, estudiar a la otra persona para averiguar el modo de hacerla feliz, renunciar a todo aquello que entorpecería la relación, fomentar lo que la enriquece... Conlleva también dejarse sorprender por la vida que brota espontáneamente del amor, y recibir esa vida como un regalo y un reto. Y, en cuanto a los bienes materiales, no se trata de tenerlo todo desde el principio, sino de conseguirlo juntos, aunque sea a costa de pasar juntos por las mismas dificultades. He ahí la verdadera aventura del matrimonio.

Por tanto, Mr. Backus, no se desanime. Si sólo existe una mujer entre 285.000 que se adapte perfectamente a usted, no tome el dato como una derrota, sino como un desafío: elija una de esas 285.000, y pónganse ambos a trabajar para que, al final, las cuentas cuadren. Deje en paz la pizarra, y empiece a vivir, que la vida es breve, y no es cuestión de pasarla haciendo números.

sábado, 1 de agosto de 2009

Consejos para mejorar la relación de pareja

Mejorando el Vínculo

Estar en pareja es una de las experiencias más ricas y complejas que podemos vivir. La pareja es el resultado de la relación de dos individuos que se encuentran en una situación de intimidad única. Dicho de otro modo: dos mundos se encuentran. Por que cada uno tiene una historia personal y familiar, una educación específica, una manera de ver el mundo, unas experiencias vitales que los hacen únicos. Y eso implica una gran complejidad, una gran diversidad, un gran desafío. Entonces cuando dos personas se relacionan, se relacionan dos mundos, dos maneras distintas de ver y valorar la Vida.Si bien este es un fenómeno humano riquísimo, implica también el riesgo de que en algún momento surjan problemas para los que es mejor estar preparados.
Aquí esbozamos muy brevemente algunos consejos para tomar en cuenta:
* OBJETIVOS COMUNES: una pareja ha de tener objetivos comunes para poder evolucionar. Metas que ayuden a alinear fuerzas y voluntades. Estas metas dan sentido y dirección. Permiten que se desarrollen emociones, ideas y esfuerzos comunes que fortalecen el vínculo.
* LIDEAR CON LA RUTINA: un obstáculo clásico de toda relación larga es la aparición de la desagradable y desgastante rutina.Nunca serán demasiadas las energías que se inviertan en crear estrategias que ayuden a vencer a este despiadado enemigo que se inmiscuye silenciosamente en la pareja, dañándola y envenenándola, si sus miembros no lo advierten a tiempo.
* DAR Y RECIBIR: una delicada armonía se necesita en esta área de la relación. Dar y recibir objetos, caricias, emociones, palabras de aliento, de apoyo, críticas saludables. Un ejercicio sutil, donde el desequilibrio genera desajustes de poder dentro de la relación, con consecuencias nefastas para ambos.
* ADMIRACIÓN Y RESPETO: que la convivencia o la costumbre no te vuelvan ciego. Por que así dejarías de ver por que te enamoraste de esa persona. Nunca pierdas el respeto, por que confianza significa sensibilidad y conocimiento del otro, pero no descuido, falta de tacto o consideración.
* CUIDADO PERSONAL Y CUIDADO DEL VÍNCULO: un dinámico y sutil equilibrio entre cuidarme y enriquecerme como individuo, sin descuidar a la pareja. Y un interés deliberado por alimentar la relación sin descuidarme a mi mismo ha de ensayarse día a día. Ni el egoísmo que “se corta sólo”, ni la fusión irresponsable dónde le cargamos al otro con la responsabilidad de hacernos felices…
* COMUNICACIÓN: es de vital importancia en una pareja sana y responsable ejercitar la comunicación en todos los niveles. En lo sexual-corporal, por que la relación sexual es una forma de comunicación. En lo emocional, por que la ternura y los enojos forman parte de la comunicación. En lo psicológico-individual por que mi pareja NECESITA saber de mis deseos y necesidades, de mis gustos o disgustos con respecto a todo lo que atañe a la relación, y por que yo necesito saber lo mismo de mi amada/o. Para lo que necesito aprender a escuchar y aprender a decir las cosas correctamente.
* AMISTAD/COMPAÑERISMO: este es uno de los puntos claves de toda relación de pareja. Una profunda amistad, una gran intimidad física, emocional, psicológica y espiritual. El acompañarse mutuamente en el placer y las necesidades, en los dolores y las alegrías. Estar en pareja es entre otras cosas tener la capacidad de atravesar innumerables experiencias de toda naturaleza a lo largo del tiempo.Todo lo que ayude a reforzar la amistad y el compañerismo será de inmensa ayuda para el vínculo.
* APRENDER A DISCUTIR: ya que las peleas y las discusiones son una parte natural e inevitable de la vida en pareja, es necesario que podamos aprender a decir lo desagradable, a opinar y sentir diferente sin llegar al agravio. Un gran desafío: pelear “sin que la sangre llegue al río”.
* SEXUALIDAD: es un área muy sensible y de inmensa importancia en todo vínculo. La sexualidad pide conciencia y diálogo. Es importante evitar la rutina, el automatismo, la arbitrariedad y toda conducta abusiva o de indiferencia. Los miembros de la pareja necesitan estar dispuestos a dialogar francamente sobre lo que les gusta y disgusta, sobre sus miedos y fantasías y sobre todo aquello que incremente y enriquezca la intimidad y la confianza en el vínculo.
* DIFERENCIAR LA INTENSIDAD DE LA PLENITUD: un error muy común es confundir las experiencias intensas con plenitud. Para combatir la rutina la pareja puede crear situaciones en las que se ve impulsada a la búsqueda de experiencias intensas. En general son experiencias vacías, que producen desgaste y exponen riesgosamente a los participantes. La plenitud en cambio, es una vivencia cargada de sentido y de conciencia que enriquece sin poner en riesgo la relación.