domingo, 3 de enero de 2010

Ayuno forzoso

- ¿Cuál es el animal que no come el domingo, por nada del mundo?
- El que matan el sábado...
(je,je)

Comentario al evangelio de la fiesta de la Epifanía del Señor

¿Soñadores en pos de una estrella?
Mateo 2, 1-12. Navidad. Solemnidad de la Epifanía. ¿Qué les vas a regalar hoy al Niño Jesús? ¿Cuál va a ser tu oro, tu incienso y tu mirra?
Autor: P. Sergio A. Córdova

Mateo 2, 1-12


Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.» AL oír esto, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.


Reflexión


“Epifanía” es una palabra griega que significa, literalmente, “manifestación, revelación”. Celebra, ni más ni menos, la “manifestación” del Hijo de Dios al mundo, su revelación a los pueblos gentiles, representados en los Reyes Magos.

El día de Reyes es, tradicionalmente, un día de alegría, de luz, de fiesta. Es el día de los regalos. Todos guardamos vivencias entrañables de nuestra infancia. Decir “día de Reyes” equivale a poner en marcha toda la fantasía infantil para soñar cosas maravillosas: los tres Reyes Magos, con espléndidas caravanas y rico séquito, procedentes de Oriente, cargados de regalos para todos los niños del mundo. Sus Majestades reales -que la tradición llama Melchor, Gaspar y Baltasarvienen de las lejanas tierras de Arabia, Persia y Mesopotamia, montados en camellos y dromedarios, trayendo al Niño Dios exóticos regalos.

Diríamos que en este día se mezclan los sueños, la poesía, el folklore, la religiosidad y la leyenda. Y, aunque el Evangelio de san Mateo nos ofrece elementos interesantes, basados en la literatura profética de Isaías y en la tradición mesiánica del pueblo judío, con cierto aire escatológico, en realidad no sabemos exactamente cómo sucedieron las cosas. Aún hoy en día discuten los teólogos y los exegetas para interpretar el prodigioso suceso de la Epifanía: el misterio inaudito de la estrella, los magos que siguen señales celestes, los espléndidos regalos, etc.

Pero dejemos nosotros a un lado las complicaciones hermenéuticas de los eruditos para centrarnos, con sencillez, en lo esencial del misterio. Estos Reyes Magos tienen muchísimas cosas que enseñarnos, sobre todo al hombre moderno, tan contaminado de racionalismo, pragmatismo y materialismo. El hombre de hoy exige argumentos palpables, empíricamente cuantificables y “seguros” para poder dar un paso hacia adelante, sobre todo cuando se ven comprometidas sus decisiones vitales.

Pero estos personajes de Oriente, sin haber recibido el don de la fe monoteísta del Pueblo elegido ni la esperanza en un Mesías Salvador como lo entendía Israel, sin pruebas contundentes y científicamente verificables, se ponen en marcha hacia lo desconocido, siguiendo la luz de una estrella. Para la mentalidad del mundo, esos hombres serían unos pobres ilusos, unos simples “soñadores” o unos aventureros a ultranza. Sin embargo, ellos seguían la estrella de una fe, en la que descubrían mucho más que un dato astrológico; para ellos, ése era un lenguaje divino, un signo trascendente que hablaba directamente a sus corazones y los invitaba a buscar a ese “Rey” de los judíos, que ellos intuían como el Mesías esperado de los pueblos. Seguramente conocían las Escrituras y en esa señal del cielo descubrieron la voz misma de Dios que los llamaba a buscarlo.

¿Cuántos de nosotros somos capaces de descubrir en una “estrella” -que pueden ser las mil circunstancias de cada día: un encuentro, una noticia alegre o desagradable, una enfermedad, etc. a través de la cual nos habla Dios nuestro Señor y nos revela su voluntad santísima sobre nosotros? ¿Y cuántos tenemos el valor de seguir esa estrella, aunque eso nos exija romper nuestras seguridades demasiado “humanas” y terrenas, confiar en la voz de Dios y ponernos en camino -como los Reyes Magos, como Abraham, como la Santísima Virgen “hacia el lugar que Él nos mostrará”? ¿Por qué no dejarnos guiar, también nosotros, por esa “estrella” de la fe? ¡Ojalá que también nosotros tengamos el valor de seguir la estrella que Dios nos manda!

Pero, ¡atención!, porque esa estrella puede también ocultársenos de cuando en cuando, como les pasó a los Magos. Y es entonces cuando necesitamos de una fe todavía más grande y fuerte para seguir caminando, a oscuras; es decir, aunque no vemos ya casi nada, aunque no sepamos por dónde nos conduce Dios, aunque no comprendemos por qué nos trata de una manera o de otra -por ejemplo, cuando permite un gran sufrimiento moral, una desgracia personal o la enfermedad de un ser querido. A veces no vemos la estrella. Pero es preciso seguir confiando.

Ella sigue allí, arriba, en el cielo, aunque de momento no la veamos. Ya reaparecerá. Es la seguridad de Dios la que ha de impulsarnos a continuar hacia adelante, hasta llegar al lugar en donde se encuentra el Niño Dios junto con su Madre santísima y san José.

Pero también en este momento necesitamos la fe, para descubrir en ese Bebé recién nacido al Hijo de Dios, encarnado para redimirnos. No pensemos en un Mesías poderoso, en un palacio adornado de oro y marfil, rodeado por miles de servidores No. Es un Mesías pequeñito, humilde, pobre, indefenso. ¡Y ése es Dios! También se requiere la fe para descubrir a Dios en las cosas pequeñas, en un niño pobre, en un mendigo, en un hombre que sufre, en un borrachito, en una pobre prostituta Dios se esconde entre esas pajas humanas y es su modo de actuar, tan inaudito e insospechado para nuestra mente humana.

Y, una vez ya en la gruta de Belén, postrémonos ante el Niño Dios para adorarle y ofrecerle nuestros regalos, como los Reyes Magos. Ellos le ofrecieron: oro, el regalo propio de los reyes; incienso, oferta tributada sólo a Dios; y mirra, don ofrecido al Hombre verdadero. Ellos le llevaron el regalo más preciado de su tierra de origen. También nosotros ofrezcámosle al Niño lo mejor de nuestra alma: el oro de nuestro amor, de nuestra fe y confianza en Él; el incienso de nuestra piedad y adoración; la mirra de nuestra obediencia y humildad.

¿Qué les vas a regalar hoy al Niño Jesús? ¿Cuál va a ser tu oro, tu incienso y tu mirra?

viernes, 1 de enero de 2010

Evangelio de la Misa del 1 de enero de 2010

María guardaba todo en su corazón
Lucas 2, 16-21. Navidad. Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. María es también madre tuya, a lo largo de los días y los meses del año.
Autor: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.,net

Lucas 2, 16-21


Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.


Reflexión

Empezamos el año festejando a la Virgen. Es una oportunidad de oro para ponernos en sus manos desde el primer respiro del año.

Los hombres, al igual que hace más de dos mil años, siguen necesitando de Cristo. Pero pocos le reciben y le aceptan, porque se olvidan del ejemplo que nos dan María y los pastorcillos. El Evangelio nos dice que los pastores después de escuchar el mensaje del ángel “fueron a toda prisa”.. Porque los “sencillos de corazón verán a Dios”. Es decir, pusieron en práctica lo que les pedía Dios: caminar hacia Belén, donde encontrarían al Salvador. Y es precisamente esto lo que necesitamos. Sabemos que para tener a Cristo hay que decidirse a dejar los “rebaños” del egoísmo, de la comodidad, el placer y la vanidad, pues no existe un Cristo a nuestra medida, sino el único Cristo que encontraron los pastorcillos “un niño envuelto en pañales recostado en un pesebre”.

Para llegar a Él hace falta ser humildes, pues la entrada de la cueva es pequeña y exige agacharse. Es Dios mismo quien nos enseña, desde ese pesebre, que su seguimiento exige cruz, dolor, humildad, pureza y pobreza de corazón, y obediencia a la voluntad de Dios. Y es esto lo que da la paz y la felicidad en el corazón. María, la Madre de Dios, nos enseña que para llegar a Cristo hace falta también la oración. Ella “guardaba todas la cosas y las meditaba en su corazón”.

Para ser Madre de Dios, María no tuvo que renunciar o dejar al margen nada de su feminidad, al contrario, la tuvo que realizar en nobleza y plenitud, santificada como fue por la acción del Espíritu Santo.

Al nacer de una mujer Dios ha enaltecido y llevado a perfección "el genio femenino" y la dignidad de la mujer y de la madre. La Iglesia, al celebrar el uno de enero la maternidad divina de María, reconoce gozosa que María es también madre suya, que a lo largo de los días y los meses del año engendra nuevos hijos para Dios.

Madre, bendición y memoria. En el designio de Dios, que es fuente de la maternidad, ésta es siempre una bendición: como a María, se puede decir a toda madre: "Bendito el fruto de tu vientre".

Una bendición primeramente para la misma mujer, que mediante la generación da cumplimiento a la aspiración más fuerte y más noble de su constitución, de su psicología y de su intimidad.

Bendición para el matrimonio, en el que el hijo favorece la unidad, la entrega, la felicidad.

Bendición para la Iglesia, que ve acrecentar el número de sus hijos y la familia de Dios.

Bendición para la sociedad, que se verá enriquecida con la aportación de nuevos ciudadanos al servicio del bien común.

La maternidad es también memoria. María hacía "memoria" de todas esas cosas en su corazón. Memoria no tanto de sí misma, cuanto del hijo, sobre todo de los primeros años de su vida en que dependía totalmente de ella. Memoria que agradece a Dios el don inapreciable del hijo. Memoria que reflexiona y medita las mil y variadas peripecias de la existencia de sus hijos. Memoria que hace sufrir y llorar, que consuela, alegra y enternece. Memoria serena y luminosa, que recupera retazos significativos del pasado para bendecir a Dios y cantar, como María, un "magnificat",

Si queremos salir de estas Navidades “glorificando y alabando a Dios por todo lo que hemos visto y oído” y de habernos encontrado con Cristo niño, hace falta desprendimiento de nosotros mismos, humildad y oración. Y así, todos los que nos escuchen se maravillarán de las cosas que les decimos.


___________________________



El primer día del año lo dedicamos a María, Madre de Dios

2010

Para todos los bloggeros un feliz y pró$p€ro 2010.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Comentario al Evangelio del domingo 27 de diciembre de 2009

Evangelio del domingo 27 de diciembre: Un Dios muy familiar
Por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo electo de Oviedo





El evangelio de este domingo navideño nos sitúa ante una escena de la Sagrada Familia. José discreto, Jesús en las cosas de su Padre y María guardando lo que entiende o no entiende en Dios dentro de su corazón. Dios no es un dios solitario, que se aburre en su sillón de nubes pescando con un mando a distancia algo en lo que entretenerse sin más. Dios es un Dios comunión, relación amorosa de tres Personas que se quieren: un Padre que ama al Hijo en el Espíritu, un Amante, un Amado y un Amor, como diría san Agustín. Y este Dios familiar, nos ha hecho a su imagen y semejanza. Sin familia el hombre se deshumaniza. Y por eso Dios, puesto a huma­narse, no ha querido prescindir de esta realidad. Jesús, María y José, tienen una palabra que decirnos. Han querido vivir divinamente la aventura hu­mana. Como dice Benedicto XVI, "la revelación bíblica es ante todo expresión de una historia de amor, la historia de la alianza de Dios con los hombres: por este motivo, la historia del amor y de la unión de un hombre y de una mujer en la alianza del matrimonio ha podido ser asumida por Dios como símbolo de la historia de la salvación". Pero no lo tuvo fácil la Sagrada Familia. Tuvo que afrontar el habitar un mundo muy condicionado por los proyectos ajenos al proyecto de Dios. El Hijo de Dios, ya desde el inicio de su andadura terrestre tendrá que ha­bérse­las con la inseguridad, la insidia, la hostilidad. La vida será amenazada no sólo en el fi­nal de un calvario, sino ya en el principio cuando la palabra y los ges­tos de esta nueva criatura, parecían lejanos de presentar un problema a to­dos los poderes estableci­dos. La vida del Mesías era preciso controlarla, y ante la imposibilidad de esto, era mejor eliminarla o, al menos, censurarla.

Hoy, ante esta vida de Dios que se ha manifestado no sólo hace dos mil años en Belén, sino que a diario se manifiesta en nosotros y entre nosotros, po­demos pregun­tarnos qué tipos de censuras practicamos... ¡respecto del mismo Dios! Porque podemos ser creyentes de un Dios inofensivo, lejano; creyentes en un Dios con domicilio en cualquier panteón clásico, que no nos denuncie los malos vivires y que no nos anuncie cómo son los vivires buenos, un Dios que nos deje en paz. Hay muchas formas de censurar la vida, la vida que Dios es y que nos da, la vida que Dios pide de nosotros: abortos y eutanasias, injusti­cias y matanzas, egoísmos e insolidaridades. Aquella Santa Familia, como aque­llos pri­meros cristianos, tratándose como eran tratados por Dios, fueron capaces de transfor­mar el mundo... sacando al Dios desconocido de los panteones para reconocerlo en lo cotidiano, en los días laborables, en lo familiar de una vida humana.

Feliz Navidad

¡Feliz Navidad!


Les desea Humberto Enrique Matheus Velasco








Miguel Ángel Buonarroti, 1505, Tondo Pitti, Florencia, Museo del Bargello.

Maria, sentada sobre una piedra cuadrada, tiene en el regazo un libro abierto sobre el cual Jesús apoya el brazo derecho. Detrás de ellos, san Juan niño observa.

Y en el libro dice...


"Ha desnudado el Señor su santo brazo" (Is 52, 10).

"Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo" (Sal 98, 1).

"Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo " (Hb 1, 1-2).

"Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros" (Jn 1, 14).

"Juan da testimonio de él y clama: Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo". (Jn 1, 15).

"He aquí que yo pongo por fundamento en Sión una piedra elegida, angular, preciosa y fundamental: quien tuviere fe en ella no vacilará." (Is 28, 16).

"La piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido" (Sal 118, 22).

"Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo." (1Pe 2, 4-5).

lunes, 16 de noviembre de 2009

Los católicos no somos unos cretinos

Messori: “Trato de demostrar que el cristiano no es un cretino”
El escritor católico más traducido presenta sus confesiones
ROMA, miércoles 11 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- En su último libro publicado en España, el apologeta de la razón Vittorio Messori, es el cazador cazado. Quien entrevistara a los dos últimos Papas para sendos libros, es ahora interrogado por el vaticanista Andrea Tornielli en un volumen titulado "Por qué creo" (LibrosLibres). Messori (Sassuolo, 1941) periodista y escritor italiano, es considerado como el escritor de temas católicos más traducido del mundo. Sus obras más influyentes han sido "Hipótesis sobre Jesús" (1977) e "Informe sobre la fe" (1987) (entrevista con el cardenal Joseph Ratzinger). Fue el primer periodista en publicar un libro entrevista con Juan Pablo II, que se publicó en un libro titulado "Cruzando el umbral de la esperanza" (1994).
--Al comienzo del libro, se le ve muy reticente a abrir su alma en canal, aunque ya está aceptado el reto de enfrentarse a las preguntas de Tornielli. ¿Ha sido tan duro como parece para usted enfrentarse a la sistematización de su vivencia de conversión?
--Vittorio Messori: He esperado muchos años antes de responder. Primero porque he escrito 23 libros, todos de investigación religiosa, pero siempre había rechazado contar mi conversión. Mis lectores saben que en mi vida hay un antes y un después. Saben que no he nacido católico y que he tenido una educación muy anticlerical y muy antirreligiosa. Y saben que ahora soy un católico "papista", ortodoxo, y tienen mucha curiosidad por saber cómo pasó. ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido en su vida? Cómo de anticlerical he pasado a ser un católico riguroso en el pensamiento, no tanto en la vida. Porque yo no me presento como un beato. Soy como todos, un pecador que hace muchas cosas incoherentes.
He sido muy celoso de mi vida íntima, no me he animado a contarla. Pero en efecto, la conversión es un misterio y es muy difícil contar un misterio. Mi trabajo está en las palabras, soy periodista y escritor, trabajo con ellas. Pero me resultaba muy difícil encontrar las necesarias para contar este misterio.
Finalmente me decidí a responder no sólo a la petición de los lectores, sino a la de este periodista, este colega, Andrea Tornielli, que para mí es el mejor vaticanista italiano, además de un gran periodista y escritor. Ahora me he decidido por primera vez a contarlo porque mi vida está dividida en dos, al pasar de la increencia a la fe.
--La edición española del libro "Por qué creo" (Libros Libres) tiene más de 350 páginas y, pese al impresionante recorrido por la experiencia, sigue quedando una duda. ¿Se puede abarcar la experiencia mística de una persona en letra impresa? ¿Es posible verbalizar todo el cambio intelectual y moral que experimenta un converso?
--Vittorio Messori: Este es uno de los motivos por los que siempre había dicho que no. Repito que el misterio es difícil de contar. No soy un místico, no soy un visionario. Siempre he sido una persona muy pragmática, muy concreta, muy racional. Pero, no sé por qué, hubo un periodo en mi vida, de unos dos meses en un verano, donde encontré una nueva dimensión en la que la verdad, que pensaba que no existía en mayúsculas, se me hizo evidente. Está en el Evangelio.
Yo era un buen estudiante, me encantaba estudiar y me preparaba no sólo para ser periodista, sino también profesor universitario y había leído muchísimos libros, pero ese pequeño libro que es el Evangelio no lo había leído. No sospechaba que en él estuviera la Verdad.
Ahora he continuado usando la razón como antes, pero abierto al misterio. Mis maestros me enseñaron a usar la razón pura, pero he descubierto que usándola, al final de la razón siempre se llega al misterio. En todos mis libros he buscado razonar. No he trabajado la predicación, la espiritualidad, la homilía. Trato de ayudar al lector a razonar sobre la fe y al final, apostar por la veracidad de la fe.
--Aunque su conversión parece ligada también a un "hecho extraordinario", usted no lo alega como argumento, buscando razones objetivas y fundamentos históricos objetivos para la credibilidad de la Iglesia. ¿Qué opina de la apologética basada no tanto en la racionalidad de la fe como en las experiencias y vivencias individuales?
--Vittorio Messori: No hay contradicción entre las dos. La verdad de la fe se comprende razonando y viviendo. Hace cuarenta años de mi "fractura" y en este tiempo he razonado y estudiado mucho, pero sobre todo he vivido y he encontrado que el fruto de mi razonamiento encontraba sentido en la vida completa. El Evangelio cuenta que los discípulos preguntaron a Jesús quién era. Él no les da sermones, no les ofrece razonamientos, les decía: "Ven y sígueme". Ven conmigo, vive conmigo y verás que soy el Mesías. El cristianismo no es una filosofía, no es una ideología. Es un encuentro de dos personas.
--En el libro se desprende cierto pesar por el abandono de sus antiguos maestros, los que le introdujeron en el camino del agnosticismo. ¿Se sintió traicionado por quienes defendían la razón como única base posible, cuando esa misma racionalidad es el eje de su llegada a la fe?
--Vittorio Messori: Para mí la fe fue una sorpresa. No la buscaba, estaba bien. No tenía ninguna preocupación religiosa. Me bastaba la cultura laicista y racionalista de mis maestros. No deseaba ser católico. La fe no me ha resuelto los problemas de la vida. Al revés, me la complicó. Porque yo venía de una familia no creyente. Estudié en una escuela más que laica, laicista. Me preparé para ser periodista, siempre tuve una gran vocación. Pero periodista de asuntos políticos, sociales y económicos. En mi último año de universidad tenía la vida programada y tuve que cambiar por completo el programa. A mis padres les pareció que me había vuelto loco y mis profesores se mostraron atribulados y decepcionados. Pensaban que "lo mío" tendría que ver con una depresión nerviosa. ¡Cómo un discípulo de nuestro laicismo se puede hacer católico! Fue muy duro, porque uno puede pensar que la fe resuelve todos los problemas.
Por supuesto que estoy muy contento y feliz de tener problemas, pero efectivamente fue una ruptura grande. En todo caso, he tenido la fortuna de trabajar para grandes periódicos como La Stampa, el diario de la FIAT y también con Il Corriere de la Sera. Pero siempre hablando de asuntos religiosos, que es lo contrario que yo pensaba en un principio. Al final encontré mi sitio, pero fue duro cambiar por completo mis planes.
--Vayamos pues con una cuestión de actualidad. ¿Cómo valora que el Tribunal de Derechos humanos de Estrasburgo acabe de sentenciar que las escuelas italianas deben eliminar los crucifijos de las paredes de sus aulas porque su presencia puede perturbar a los niños que no son cristianos?
--Vittorio Messori: El concordato entre el Estado Italiano y la Iglesia dice que en las escuelas y tribunales debe estar presente la cruz y está en perfecta sintonía con la Constitución italiana. La decisión me entristece pero no me escandaliza.
Me entristece porque estos funcionarios [los jueces] no se han enterado de nada porque la cruz desde hace mucho tiempo es más que un símbolo religioso, es un símbolo humano, de la injusticia, del sufrimiento y de la esperanza. La posición laicista sobre el cruicifijo es absurda, porque la negación de las raíces cristianas de Europa no es un pecado contra la religión sino contra la historia. Sin san Benito o los papas del medievo no existiría Europa. Es un pecado contra la historia.
No me escandaliza, porque creo que la cristiandad de masas está terminada. Jesús dice que sus discípulos serán siempre un pequeño grupo. No soy un nostálgico de la cristiandad de masas, de la España de la Inquisición, de que el 90 por ciento de la gente vaya el domingo a misa. Creo que, como dice Benedicto XVI, los cristianos debemos descubrir nuestra propia vocación.
--Multitud de sus respuestas concluyen haciendo una defensa del "et-et" (esto y aquello), frente al "aut-aut" (o esto o aquello), como característica esencial del catolicismo: es la idea de que "todo cabe" en la Iglesia, como explicación de su insondable riqueza. Pero ¿dónde está el límite entre lo que cabe dentro de la Iglesia en alguna interpretación, y lo que no cabe por ser contrario a ella?
--Vittorio Messori: El principio fundamental del catolicismo, por decirlo en latín, es el "et-et", frente al principio de la herejía "aut-aut". Pensemos en el protestantismo, que es un "aut-aut": O la Biblia, o la tradición. O Jesucristo o la Virgen y los santos. O la gracia o el libre arbitrio. O Cristo o el Papa. La herejía del protestantismo elige o esto o aquello. Mientras que el lema del católico es "lo quiero todo": el Papa y la Biblia; Jesús y la Madre; la gracia divina y la libertad del hombre: el Evangelio y la Iglesia.
Ahora, creo que el católico debe descubrir esta síntesis de acoger todo lo que es bueno. Esto es muy importante porque hoy hay mucho catolicismo abonado al "aut-aut". El título de mi próximo libro será "Queremos todo".
--Es usted un defensor de la racionalidad de la Fe, de la existencia de motivos sólidos y casi científicos para la credibilidad de la Iglesia, y al mismo tiempo un defensor de los milagros, un propagandista de las apariciones de la Virgen... Esto un católico lo entiende bien, pero ¿cómo se lo explica a un ateo?
--Vittorio Messori: No existe contradicción entre la fe y la razón. No hay una batalla. La fe es el punto de llegada de la razón usada hasta el final. Estoy muy agradecido de lo que me enseñaron mis maestros universitarios, aunque luego renegaron de mí. Yo no he renegado de ellos, porque me habituaron a usar la razón y ser creyente no significa renunciar a la razón, sino usarla al máximo.
A estos maestros, a los que estimo, les achaco el haber convertido la razón en una ideología, el racionalismo, donde no hay nada más allá de la razón. Han de comprender que hay cosas más allá de la razón, que no están contra ella. Y les anima usarla hasta el final.
Yo he escrito mucho sobre las apariciones de Lourdes y ahora estoy terminando otro volumen sobre el asunto. Pero no es un libro de explicaciones sobrenaturales, sino que indago sobre el plano histórico las apariciones. Al final, me debo rendir ante el hecho de que la historia investigada a fondo lleva al misterio.
La mitad de mis lectores en Italia son creyentes, y la otra mitad no. La mayoría de estos últimos no están de acuerdo con mis conclusiones, pero siguen con agrado el razonamiento. Lo que trato de demostrar es que el cristiano no es un cretino, no es alguien que renuncia a usar la razón. El cristiano es quien usando la razón, rompe los muros del racionalismo para llegar a una realidad cierta que es más grande que nuestra propia razón.